1971-73 / ESCUELA Nº 98

ESCUELA Nº 98
Autor César Rodríguez Musmanno
Año 1971-73
Fotografía César Rodríguez Musmanno

El mural de areniscas, calizas y granitos tal como salen de las barrancas del río Uruguay, tiene un predominio absoluto en la composición de la fachada de la Escuela Nº 98 del arquitecto y artista César Rodríguez Musmanno. En este mural se pueden observar aspectos del informalismo constructivo característico de sus obras plásticas y sus recurrentes formas circulares y los “símbolos esbozados en pinturas y grafías rupestres”
[1]
Esta escuela es un ejemplo de integración, no solamente entre la arquitectura y las artes visuales, sino entre la arquitectura y la naturaleza. Las características topográficas del terreno son respetadas y aprovechadas, al ubicar las aulas en distintos niveles acompañando los desniveles del mismo. El proyecto se distancia de las tradicionales escuelas al ubicarse las aulas independientes de los espacios comunitarios (préau, comedor y sector administrativo) y también independientes entre sí. Las aulas comparten un espacio común de circulación y tienen otro espacio íntimo que se puede utilizar para actividades como plantar o desarrollar las clases al aire libre en esos días cálidos tan característicos en Salto. En este proyecto, así como en los de las otras cuatro escuelas que proyectó el arquitecto, el aspecto pedagógico está siempre presente, la arquitectura y el arte se ponen al servicio de la enseñanza, en este caso por ejemplo, en el mural pueden reconocerse las piedras características del subsuelo y en los espacios exteriores las especies de árboles autóctonos.Un aspecto anecdótico que es recordado por Rodríguez Musmanno en relación a esta escuela, es que debido a que su inauguración fue cercana al golpe de Estado que sufrió el Uruguay en el año 1973, los militares no quisieron que el arquitecto asistiera a la misma debido a su militancia en el Partido Socialista, su dirigencia gremial. A pesar de esto, en otra de sus comprometidas acciones, Rodríguez Musmanno asistió a la inauguración y además habló ante la insistencia de las maestras, provocando el malestar de las autoridades militares presentes que tuvieron que aceptar y “comerse los codos” al decir del propio arquitecto.


[1] Pablo Thiago Rocca. “El principio inmortal”. s/f

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